No me dejes ir – novela

non lasciarmi andare via coverNo me dejes ir

Novela

de María Amata Di Lorenzo

(publicado en Italia por Portosicuro Editore – edición impresa / ebook: abril 2016)

aún no traducido al español

* 

Una historia de amor. Entre un hombre y una mujer. Entre una madre y sus hijos. Entre una hija de Sicilia y su tierra, bella e inviolable. Mientras todo pasa y cada certeza alrededor cae. Resta solamente el amor.

william-oxerSilvana tiene cincuenta años, ha sufrido hace poco una operación al seno para la exportación de un tumor y transcurre la convalecencia en Sicilia, su tierra natal, en compañía de los recuerdos. El profesor Orlano, el cirujano que la ha operado, le ha sugerido de tener durante su estadía un diario, y ella con el transcurrir de los días – a la espera de regresar a Roma para someterse a la radioterapia – repiensa en su propia vida, en su difícil camino como mujer en una tierra arcaica, entre miles tabúes, violencias, interdicciones.

Un recorrido lleno de fatigas y renuncias, desilusiones y malos entendidos que han terminado por excavar, día a día, surcos siempre más profundos entre ella y su hija, Francesca, actriz inquieta que está siempre viajando por el mundo. Es por ella que Silvana inicia su viaje, el más difícil y también el más importante de toda su vida: el viaje que la conducirá dentro de sí, hacia su propia alma finalmente desnuda para que pueda brillar, al final, una sola luz: aquella de la verdad, aunque sea dolorosa y brutal. La verdad que libera.

Las palabras no dichas, aquellas nunca pronunciadas – por miedo, por pudor, por cobardía – luego permanecen adentro, se quedan como  rocas que a la larga envenenan el corazón. Así, de frente al pensamiento de la enfermedad, a la presencia progresiva de la muerte, Silvana comprende que no tiene sentido escapar, taparse las orejas y los ojos, refugiarse una vez más en la pusilanimidad.

En la gran casa vacía de voces, con vista al promontorio de Gibilmanna, de la cual surgen – en la noche – las luces de la bahía, revé poco a poco delante a sus propios ojos, como una película, la historia de su familia. En la memoria todo está detenido, congelado en un presente eterno, incorruptible, aún vivo. La trenza perfumada de la abuela Beata, mítica compañera de su infancia, con sus ritos, las epifanías, la ciencia exacta de los sueños; la adolescencia sombría y solitaria marcada por la traición del padre – que partió un día a los Estados Unidos buscando fortuna y fue engullido por la nada, reaparecido misteriosamente después de trece años, a esas alturas era un extraño ante sus ojos de niña enamorada y desilusionada; la relación conflictiva, y nunca resuelta, con la madre Isolina, que tenía una bella boca avara de besos; la educación claustrofóbica que le marchitó los sueños y que – después de haber conocido el amor con un muchacho de su edad, Enzo, el cual sueña con dejar la isla para consagrarse como escritor, y a quien perderá esperando un hijo de él – la empujó hacia un matrimonio infeliz con un dirigente del Partido Comunista, futuro padre de Francesca; y luego el crecimiento de los hijos, tan diferentes entre ellos, y la sucesiva separación; los difíciles “años de plomo” vividos en la tranquilidad burguesa de un apartamento romano tocado muy de cerca de la sombra del terrorismo.

Una vida entera, la suya, vivida a la sombra de un secreto – la paternidad de su hijo – celosamente custodiado por tantos años, pero que no ha salvado a la familia de dolores y desabores: Luca, el hijo de Enzo, con una frágil y atormentada sensibilidad de artista (era un compositor), muere en un accidente automovilístico que asemeja mucho a un suicidio; creyendo que la madre no había amado a nadie más que a él, Francesca decide irse, romper los puentes, amplificando de esta manera el conflicto ya latente entre las dos, un viejo surco de errores y desamores.

El ser madre y ser una mamá, de hecho, no son exactamente la misma cosa: en el medio existen un mar de errores, de ingenuidades y pasos en falso, realizados normalmente en buena fe, por falta de modelos seguros y de experiencia. El amor, el verdadero amor, pasa solo a través de lo conocido; no se puede construir en el aire, sobre el vacío y la ausencia. Si no se comprende esto entonces se regresa siempre al pasado, al punto de partida, como en el juego de la oca: se repiten siempre los mismos errores.

Y en cambio ella ahora sabe que amar en la vida es todo, porque «en aquel viaje incomprensible del misterio al misterio en el cual está encerrado el sentido de cada vida humana, es el amor a marcar cada vez la vía».

Silvana es consciente, por lo tanto, de no tener quizás muchas otras oportunidades para dialogar con su hija y ahora quiere hablar, quiere abrir el corazón como no lo había hecho nunca en su vida. No es un diario, y ni siquiera un testamento; más bien es la memoria de un viaje: el viaje de la vieja niña en la casa de toba en camino, en los años, hacia la conciencia y la libertad, dentro de los miles simulacros de la vida.

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59564725_bouvattierintrieursudLos lectores me escriben…

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Querida María Amata,

he leído tu novela todo de un tirón y he encontrado la historia de tantas mujeres que a través de su dolor, más o menos reconocido, han permitido a las mujeres de la generación sucesiva dar algunos pasos adelante en el camino del crecimiento personal.

Aquellas mujeres somos nosotras, con nuestra herencia de dolor y esperanza, la flor y la herida que llevamos adentro y con los instrumentos de conocimiento, hoy disponibles, para ser aún más conscientes, responsables y auténticas con nosotras mismas y con quien nos está cerca. O al menos probar serlo. Hacerlo por nosotras mismas y para aligerar a nuestras hijas y a las hijas que llegarán de una carga que por mucho tiempo nos ha mantenido lejos de nuestra profunda naturaleza instintiva, generando una fragmentación, una separación entre la mente y el corazón, vulnerabilidad y poder. Es la pérdida de la alianza creativa entre masculino y femenino…

Hoy podemos crear círculos de hermandad para cuidarnos a nosotras mismas como no han podido hacerlo las mujeres que nos han precedido y que sin embargo nos han preparado la vía…

Me gusta que el final de tu libro sea abierto y aquel respiro amplio de la protagonista, pueda ser entendido como la posibilidad de una vida más plena en la que se pueda aprender, así sea fatigoso, a ser madre de si misma.

Te abrazo fuerte en un imaginario círculo de hermandad y te agradezco.

Annalisa Borghese

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Querida María Amata,

con un imperdonable retraso he leído tu novela “No me dejes ir”. Me ha gustado realmente tanto, es de una intensidad dolorosa pero compuesta. ¡Fantástica!

Valentina Fortichiari

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En la novela hay un ritmo de escritura, una musicalidad, que es la que tienen los narradores que tienen el oído educado por la poesía. Y además hay un continuo retorno a la infancia, a aquellas palabras, a aquellas imagines que se imprimen indeleblemente en el sentir de los niños y que plasman el mundo interior.  El todo expresado con una claridad de expresión propio de quien ama y medita las palabras…

Nicola Cinquetti

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Querida María Amata,

estoy leyendo su novela, no me permito de dar ninguna clase de opinión, solamente le digo que se deja leer con gusto, que se sigue la historia que es apasionante e intrigante, que se entra en un mundo, el de la realidad siciliana, para mí desconocido, visto desde dentro de una familia normal, que usted tiene realmente una gracia especial al escribir, que hace consideraciones que comparto completamente. Aún no lo he terminado, pero por ahora le digo… ¡¡¡gracias!!!

Caterina

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Queridísima María Amata,

finalmente he logrado leer tu novela, no, no la he leído… la he devorada con los ojos. Línea por línea, en la oscuridad de mi habitación, con el gato que se enmarañaba con los cables de la computadora prestada. Lo he leído todo de un tirón y ahora quisiera releerlo con todo el tiempo necesario para saborear tranquilamente sus perfumes, la esencia… pero es muy intenso el sabor que me ha dejado y sé que no me abandonará. Cuando se lee una novela y nos volvemos parte de la historia, cuando vibramos, soñamos, amamos, sufrimos junto a los protagonistas significa que el autor ha logrado su objetivo. Me gusta escribir y sé lo que significa traducir en palabras los sentimientos que tenemos dentro, la fatiga que se tiene que hacer a veces para encontrar la palabra exacta para hacer vivir esas emociones a los demás y se cuánto es satisfaciente que nos digan que leyendo nuestro escrito el lector se ha conmovido o ha reído a carcajadas… lo sé y por ello, querida María Amata, te digo que esta novela tuya es una carta fascinante, una carta que me ha mantenido despierta toda la noche para poder ahora, tomando una buena taza de café, escribirte estas pocas líneas para decirte GRACIAS. Gracias por contar historias en las que nos podemos perder para encontrarnos a nosotros mismos y para entender a los demás.

Daniela Mannoli

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¿Pero pasará a todos el sentirse así mientras leen tus páginas? Yo leo tu libro, llevando dentro una mamá, una abuela, una hija. Nuestra historia es completamente diferente, pero en cada página que leo parten los hilos de las relaciones de todas las naturalezas posibles, diferencias, semejanzas, recuerdos del pasado, imaginaciones del futuro. Páginas que generan pensamientos de todo tipo: arrepentimientos, miedos, consejos, alivios. Así el libro que yo leo no es el libro que tú has escrito. Reescrito con las dimensiones que no puedo evitar de añadir. ¿Pasará esto a todos tus lectores? Seguramente no sucede con todos los libros. Leerte es una experiencia insólita.

Normalmente las novelas me llevan a otros lugares, son diversión en el sentido profundo de la palabra. Este libro me lleva aquí, dentro de mí misma. Creo que esta virtud en tu modo de escribir sea una de las cualidades necesarias para ser autores, para aumentar la realidad. Más allá de la trama (yo, apasionada consumidora de series de televisión, admiro mucho la fábrica frenética de los tejedores de tramas, que producen cuantidad de historias a ritmos industriales), más allá de la prosa (y cada uno de nosotros, lector o escritor, tiene su personal código civil y penal de referencia con el cual juzgamos la prosa de los demás como los hombres en el bar juzgan el trabajo del entrenador de la selección nacional), más allá de la vanidad de quien escribe (porque es en esto que piensan lo que nos preguntan por qué queremos que nuestro libro sea publicado), existen cualidades, en una historia, que lo convierten en un texto que debe ser difundido.

La cualidad que he intentado enunciar líneas arriba, que encuentro potente en tus páginas, es una de estas: la capacidad de llevar al lector dentro de sí mismo y salir enriquecido, aumentado.

¡Querida María Amata, aún no he terminado de leerte, así que espera otros comentarios como este! Besos,

Giulia Ghini

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En Amazon un lector ha dado a la novela 5 estrellas, el máximo puntaje, con esta motivación:

Este libro, que te toca las cuerdas del alma, habla de un doloroso viaje de regreso a los recuerdos de una vida, que hablan, sin pudor y prejuicios, sobre una hija enojada y lejana, abriéndole el corazón con aquellas emociones petrificadas de la evolución de una existencia, normalmente más como espectadora que como protagonista, realizada de sueños rotos de expectativas destruidas, que se ha vuelto dura y desencantada. Todo ello con un ojo atento y ligero a cincuenta años de historia que hacen de marco, increíblemente real este libro es una verdadera poesía.

T I E N E N  Q U E  L E E R L O

¡¡¡es estupendo!!!

Donald

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La crítica

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Delia Morea en Viadellebelledonne:

Es una novela de emociones fuertes esta última entrega literaria de María Amata Di Lorenzo: No me dejes ir, en la cual la escritora nos muestra toda su sabiduría en la escritura pero sobre todo su corazón, regalándonos una historia de emociones, de reflexiones íntimas sobre la vida y la muerte, una historia que no se olvida fácilmente y que se lee toda de un tirón.

Silvana, madre y esposa, marcada por la enfermedad más feroz e inexorable de nuestros tiempos (ha sufrido una operación al seno y debe ser sometida a una terapia de radiación) regresa a Sicilia, su tierra natal para un periodo de reposo y reflexión. Silvana lleva consigo heridas profundas que no son consecuencia solamente de la enfermedad sino también de su difícil relación con su segunda hija Francesca, una hija rebelde e inquieta que se ha ido para romper los puentes con el pasado y el recuerdo de Luca, el primogénito, aparentemente el preferido, muerto en un accidente automovilístico.

Silvana, cerrada en la antigua casa de familia decide escribir un diario de su vida casi un testamento metafórico, quizás una confesión, dedicada a Francesca para intentar finalmente hacerla comprender todo el amor que ella nunca ha logrado demostrarle y una verdad que ha mantenido escondida. Este viaje al interno de sí misma, de sus recuerdos, de las memorias familiares, nos transporta en primer lugar a través de la historia de una familia pobre, cerrada en sus durezas “isleñas”, en un mundo que ya no existe y en el cual las mujeres llevan el peso de la fatiga familiar. Sin embargo es un mundo extraordinario donde antiguas sabidurías, raíces casi míticas, son el sugestivo humus.

La abuela de Silvana, “Beata”, con el rostro y las manos callosas y marcadas por el sol y la fatiga, es un personaje arquetipo, ella representa la importancia y la gran maternidad de las madres del sur, su valor indiscutible en la sociedad y en la memoria colectiva. Así la madre, “Isolina”, mujer cerrada en una máscara de dignidad que ha soportado y sufrido demasiado y a la que la vida ha quitado, cuando aún era muy joven y por muchos años, al marido “Gerlando” originalmente pescador, que debió partir a Estados Unidos para buscar fortuna.

Una familia antigua de mujeres fuertes, entre las que está Silvana, primero es una muchacha taciturna y ella también acéfala de un amor materno nunca demostrado, luego es una mujer joven y enamorada, y finalmente se convierte en una esposa y madre infeliz. Alrededor de ellas están todos los personajes masculinos para completar el cuadro, con caracteres y vivacidades diferentes. En esta trama, al interno de la cual la historia se abre a revelaciones de verdades ocultas, con giros en la historia que finalmente salen a la luz, sobresale Silvana con todas las matices que un alma femenina conserva, el amor profundo y normalmente incomprendido de una madre – rol difícil, ingrato.

Junto a esto la universal y espasmódica búsqueda de amar y ser amados (finalidad que es el motor que mueve el mundo desde siempre) ya sea de parte de Silvana, de Francesca como de los demás personajes, el sentido de la muerte que espera detrás de la esquina y el arrepentimiento por lo que podía ser y no fue.

Con una prosa compuesta, una escritura finísima y fluida, utilizando también el flash back, María Amata Di Lorenzo nos entrega una novela que tiene diversos niveles de lectura, que se “ve” como una película por las descripciones, por el vigor de los personajes, de los diversos caracteres, por las atmosferas todas vividas y fascinantes, por un ritmo inalcanzable que no abandona nunca al lector y por una coralidad bien orquestada de “voces”, por el apropiado fondo que nos transporta a través de fragmentos de Historia de nuestro país después de la guerra a nuestros días.

Y, sobre todo, una novela con gran espesor poético, como es el estilo de María Amata Di Lorenzo, que analiza las profundas verdades del vivir, del sufrimiento, del amor: lo que puede suceder y sucede a los seres humanos. Una historia, por lo tanto, que nos involucra, en la cual es posible reflejarse porque puede pertenecer a todos. Una historia moderna y antigua al mismo tiempo, de sentimientos y de memorias, para no olvidar, para conservar dentro de uno mismo el valor de estar vivos, de tener un significado incluso después de la muerte, para aquellos que vendrán: “a través del dolor y de aquel coraje antiguo que cada dolor es capaz de redimir con la fuerza del amor y de la memoria”, como escribe María Amata Di Lorenzo.

Salvo Zappulla en Art Litteram:

Una historia de extraordinaria intensidad emotiva, escrita con la técnica del flash back por una escritora que sabe cómo regalar emociones fuertes a sus lectores. Silvana, luego de haber sufrido una operación al seno para la remoción de un tumor, va a Sicilia a transcurrir el periodo de recuperación. Será como haber regresado atrás en el tiempo desenredando los hilos de la memoria, un recorrido al revés que se afloja lentamente abriendo llagas profundas en las heridas del alma. La muerte ronda, hace sentir su presencia inquietante e invita a liberar la consciencia, a eliminar esa carga pesada de recuerdos molestos. Una novela de gran fuerza introspectiva que tiene como fondo los ruidos y los olores arcaicos de la Isla en la primera mitad del Novecientos, las contradicciones de esta tierra de un encanto particular, las privaciones, la vida entendida como una condena a pagar. Todo es pecado. Todo es prohibido. Convenciones sociales y reglas claustrofóbicas imponen a las mujeres  no manifestar sus propios sentimientos y reprimir la propia sexualidad. Silvana tiene secretos difíciles de mantener: un hijo ilegítimo, un parto existencial que la oprime, una relación conflictual con la hija, un amor perdido; un hombre con quien se ha casado contra su voluntad. La punta del gramófono excava surcos profundos que hieren el corazón y lleva a la luz estridentes notas de una juventud perdida.

Están presentes todos los ingredientes para una gran novela psicoanalítica. María Amata Di Lorenzo usa una admirable y no común generosidad de lenguaje (no libre de preciosidad lexical), un estilo fluido que abre escenarios en los que la reflexión y el análisis se desarrollan en tensión narrativa. La novela presenta una estructura propia que da particularidad a la historia narrada. A través de las páginas de este libro se tiene el testimonio de un recorrido interior esencial. Una vida aparentemente resignada, plagada de avenimientos violentos aceptados con dolorosa compostura, pero que en fondo se debate para no sucumbir. Quizás una historia “incómoda” que turba nuestras consciencias, que sacude fuertemente nuestra indiferencia y nos regala un pequeño patrimonio de emociones.

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 “El amor es una fuerza que tiene el poder de sanarnos”

María Amata Di Lorenzo y su nueva novela “No me dejes ir”

de SIMONA LO IACONO

La mano se coloca sobre la corteza del árbol. Tiembla al tocarlo. Siente el calor de la linfa que corre. Es uno de aquellos días sicilianos en los que la luz brilla indecentemente, en los que cada cosa transmigra de otra, revelando la singularidad del todo, la secreta asonancia de cada elemento del universo. Silvana alza la mirada. Gibilmanna está a sus pies, el despeñadero va hasta el mar, hace galopar el corazón hacia el azul del mar. Ahora todo parece solamente un sueño. La enfermedad, el pasado, las palabras no pronunciadas. Por pudor, por dolor, por miedo. Queda tiempo que – lo sabe – es solamente una breve concesión del destino. Una última ocasión para desvelar, para recocer los desgarros de la vida, para confesar a su hija que, quizás, no son solamente los vivos que no quieren ser dejados ir. Sino sobre todo los muertos. O aquellos que están por morir. Así empieza a escribir. No para obtener algo, no para ser perdonada, no para justificarse. Sino para recordar a quien quedará que el único destino al que hemos sido llamados es la compasión. Incluso cuando la vida corre sin revelar lutos escondidos, nacimientos prohibidos, amores sin futuro. Incluso cuando es conveniente no hablar, hacer como si no sucediera nada, ceder a los rituales de la compostura y de la buena crianza. Incluso entonces, se guarda sólo el dolor de ese ser, con su pecado, con su miseria.

Por ello pido a María Amata de revelarnos el secreto de esta nostalgia que vibra en cada página, que seduce y encanta.

–  Querida María Amata, Silvana más que un personaje es una voz, y quien lee se siente acompañado de su tono, incluso de su respiro. ¿Cómo se te ha presentado este personaje? ¿De qué manera te ha pedido que le des vida?

Una noche estaba yendo a dormir, pero luego de haber apagado la luz, mientras estaba entre dormida y despierta, he visto mentalmente un rostro: era el de una mujer, era Silvana, la protagonista de la novela, que casi tocaba la puerta de mi conciencia para que le abriera, para que le permitiera contar su historia. He encendido la luz y he escrito algunas frases, casi bajo dictado, luego he regresado a dormir. El día después y en los meses siguientes he escrito la novela prácticamente sin saber nada de la historia, que se iba formando bajo mis ojos un poco a la vez, día a día, y era como si una voz me estuviera susurrando a la oreja… Releyéndolo, he descubierto que Silvana, la protagonista, aunque era muy lejana a mí en cuanto al nacimiento y por experiencia existencial, compartía muchos aspectos de mi carácter, inconscientemente le había dado mi sensibilidad y, quizás, algunos aspectos más melancólicos, más introspectivos de mi naturaleza. Pero hay algunos aspectos míos  también en la personalidad de Francesca, la hija rebelde, aquella que elige romper los puentes después de la muerte del hermano Luca, aquella que no se ha sentido nunca amada por su madre a quien no ha logrado nunca comprender, no ha logrado penetrar en su invencible armadura, pesada y gruesa como el manto de una noche sin luna. Debo decir que en esta novela he trabajado mucho con la fantasía al contar los eventos históricos, pero los sentimientos, todos los sentimientos narrados, son reales.

– Y Sicilia. Toda cerrada en los silencios de las mujeres, en el destino que se debe aceptar, en la herencia de las madres. ¿Por qué – si no eres siciliana – has decidido hablar de esta tierra?

Es verdad, no soy siciliana. He nacido en el centro de Italia y tengo ascendientes de Trento. Pero me siento particularmente unida a Sicilia, por una afinidad electiva si así la queremos llamar, tanto así que en los años le he dedicado otras obras: un texto teatral (“La sala del siroco”), un ensayo (la biografía del juez Rosario Livatino), un cuento (“Al sur del corazón”) e incluso una recopilación de versos, titulados “Cuaderno Siciliano”. Como puedes ver, estoy unida intensamente a esta bellísima isla, que amo en todas sus dimensiones, incluso en sus fuertes, y  a menudo desgarradoras, contradicciones. Sicilia como metáfora, escribía Sciascia. Y es verdad. Para mí es el paradigma existencial dentro del cual vienen conjugadas todas las coordinadas narrativas que me importan realmente: la belleza y el sueño, el dolor y la muerte, el amor y el luto, la vida y el deseo. En el periodo en el que he escrito la primera redacción de la novela (porque “No me dejes ir” ha tenido tres diversas redacciones a lo largo de 17 años) aún no tenía amigos en Sicilia, que han llegado después, como sabes, y son muy queridos. La única persona que conocía, pero se trataba de un conocido epistolar, era Gesualdo Bufalino, el gran escritor siciliano, y ha sido realmente muy importante para mí para acercarme a él. Lo estimaba mucho y un día busqué su dirección y le escribí; para mi gran sorpresa él me respondió, y cuando le mandé vacilante algunos de mis escritos – estamos hablando de hace más de 20 años y yo estaba recién iniciando a garabatear algunas cosas – me confié completamente en su opinión, por lo que si él me hubiera dicho que me olvidara de escribir lo habría hecho sin dudarlo. En cambio Bufalino me elogió y me dijo que continuara, me alentó a no abandonar ante las dificultades que seguramente habría encontrado en mi camino, y esto para mí ha sido muy importante, lo he recordado todas las veces que un editor ha botado al basurero mis escritos, cada vez que he recibido un no. Las palabras de ese gran escritor siciliano han sido, y aún lo son, el faro de mi existencia como escritora.

– Tu novela “No me dejes ir” es un relato maravilloso y potente de una madre. Y de una hija que escapa sin saber que su verdadero destino es amar a aquella madre y la historia que la madre le cuenta. Reconciliándose con la idea que cada uno de nosotros no entra realmente en el significado de la existencia si no acoge a los demás, si no ama sus errores. En este sentido estamos todos en ambos personajes, en quien retiene y en quien escapa, en quien se equivoca y en quien perdona, en quien sabe pedir perdón y en quien no sabe hacerlo. ¿Es esta circularidad la que llamamos piedad humana?

Sí, Simona, has aferrado el punto exacto. Y es extraordinaria la capacidad que tienes de entrar profundamente en el sentido subterráneo de la historia, que no todos han visto. “No me dejes ir” es antes que nada una historia de amor, conjugada en múltiples formas. Está la gran historia de amor entre Silvana, la protagonista, y Enzo, el muchacho al que en su juventud perderá la pista esperando un hijo suyo; pero también está la historia de amor, difícil, conflictiva, de Silvana con sus dos hijos, Luca y Francesca; existe a un nivel más alto la historia de amor, conmovedora e invencible, entre la protagonista y su tierra, Sicilia, que ella debe dejar por las circunstancias de la vida y que llevará siempre en el corazón, a la que regresará en el momento más difícil, más delicado de su existencia, cuando el descubrimiento de una terrible enfermedad la pondrá emotivamente con la espalda contra la pared.

Como has comprendido, es una historia que exprime la necesidad de una reconciliación. Una reconciliación que antes que nada parte de nosotros mismos, en la capacidad de sabernos perdonar, y esta es la cosa más difícil. En fondo somos nosotros los jueces más inflexibles de nosotros mismos, nos es difícil perdonarnos y dejarnos amar. Como autora me interesaba mucho explorar esta dinámica, comprender el sentido de la verdadera reconciliación, que nace primero dentro de nosotros. Que se convierte en piedad. Es decir amor. El amor es una fuerza que si bien tiene el poder de herirnos inmensamente, también tiene el poder, igualmente inmenso, de sanarnos. A un cierto punto, casi al final de la novela, Silvana lo dice: «Por haber dejado atrás tantas personas queridas, hoy sé que la muerte no separa cuando se conoce la piedad que nace del amor. Incluso del amor perdido. Renegado. Y luego milagrosamente encontrado. Reconocido. En aquel viaje incomprensible del misterio al misterio en el que está encerrado el sentido de cada vida humana, es el amor que marca cada vez la vía».

– ¿Qué te esperas, María Amata, de esta bellísima novela que como a un hijo has apenas dado al mundo?

– Estoy muy emocionada con la idea de que este mi “hijo de papel”, luego de haber estado por tanto tiempo en mis cajones ahora pueda salir al mundo y ser leído por muchos de ustedes, y que por el hecho de haber sido leído pueda entrar de alguna forma en sus vidas. Les agradezco mucho por su atención, y si quieren enviarme sus opiniones luego de haberlo leído, será un gran placer para mí.

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