Nuestro jardín secreto

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© Konstantin Somov

Ahora que el nuevo año ha iniciado, tengamos buenos propósitos para nuestra vida. Los tenemos siempre, ¿no es cierto? A cada inicio de año, pero luego sucede que normalmente estos se pierden con el tiempo…

Habíamos hecho proyectos quizás demasiado grandes para nosotros, que requerían un empeño superior a nuestras fuerzas, que requerían quizás un tiempo de espera, un poco de paciencia, y lamentablemente nosotros no hemos sabido esperar pacientemente. Estamos acostumbrados a que todo sea rápido, a la velocidad, que luego se traduce en ansiedad. En cambio saber ir a las profundidades regala paz y calor, el llegar a un lugar calmado y tranquilo que está dentro de nuestro corazón.

No es difícil encontrarlo.

Muchos de ustedes me han preguntado en los días pasados sobre los proyectos que tengo para el año nuevo. Me han preguntado si escribiré un nuevo libro. No, no lo haré. No tengo nuevos libros en programa, porque lo que haré en este año que hoy inicia es una cosa muy, muy deseada, por no decir que es necesaria. Algo que yo llamo: llenar el pozo.

Dentro de nosotros tenemos, ustedes lo saben, un jardín, flores y hojas y frutas que nacen y que crecen en modo desordenado, espontáneo, nosotros acudimos a este jardín continuamente, cada día de nuestra vida sin pensarlo, lo hacemos en modo automático, creyendo que esta bella y variada naturaleza no terminará nunca, que el pozo artesiano, aquel pozo profundo y rico de agua que está en el centro exacto de aquel jardín, deba hacer brotar agua para nosotros infinitamente. Pero el pozo comienza a secarse, los árboles deben ser de vez en cuando podados, las hojas secas recogidas… La vida interior, que para nosotros artistas coincide con el pozo de nuestra creatividad, es una fuente muy profunda pero no es una fuente inagotable, al contrario esta debe ser alimentada continuamente, el tanque emocional y psíquico debe ser llenado con regularidad si no queremos quedar secos, vacíos.

Esta cosa no se trata solamente de nosotros que tenemos una vocación artística, se trata de todos. En las Escrituras Sagradas se habla de “corazón” y es lo que en psicología se define como “núcleo” o “Si”. Se trata de la parte más interna de nosotros, del espíritu, de nuestro yo. Nuestra alma es ese jardín del pozo artesiano colocado en el centro, entre flores y frutas, siempre vivo y brotante. ¿Lo habían pensado?

Por lo tanto, ha llegado el momento para mí de repoblar aquel lugar interno del corazón. Deteniéndome, reflexionando, escuchando mi interioridad. Estudiando, porque necesito estudiar cosas nuevas. Abriendo mi mente y sobre todo mi creatividad a nuevos estímulos, a nuevas percepciones.

Por muchos años mi existencia era semejante a un paisaje entrevisto velozmente desde la ventana de un auto en movimiento. Pero corriendo no se puede apreciar el panorama, lo harás solamente si vas lentamente. La vida no termina en un libro, la vida es mucho más variada y facetada de aquella que yo he conocido hasta hoy.

Espero que alguno de ustedes realice, como yo, un viaje interior necesario para vivir con mayor intensidad y consciencia, y que lo haga con el alma iluminada por la fe, sin miedos, porque “los regalos de Dios hacen palidecer los más bellos sueños de los hombres”, dice el verso brillante de una poetisa tan querida para mí, Elizabeth Barrett-Browning.

Y es cierto, ¿sabían?

Ahora que ha comenzado un nuevo año, hagamos buenos propósitos para nuestra vida. Comenzando por esto: querámonos más. No esperemos siempre que sean los demás a hacerlo.

Si no nos queremos primero a nosotros mismos ¿qué cosa daremos a los demás como don de nuestra interioridad, qué cosa regalaremos de nuestro corazón?

Dediquemos también un poco de nuestro tiempo a hacer aquellas cosas que nos hacen sentir bien. Encontremos un espacio personal, aunque sea pequeño, en donde podamos ser libres de hacer lo que más amamos: leer, dibujar, escuchar música. Este será nuestro “jardín secreto”, en donde podremos descubrir capacidades completamente nuevas e insospechadas para nosotros.

Pero, sobre todo, amigos míos, cultivemos un sano sentido del humor, comenzando primero a reírnos de nosotros mismos… No es un desperdicio de tiempo, sino una inversión para la vida.

¡ Feliz Año Nuevo, mis queridos amigos!

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