Luis Guanella, el padre de los últimos

santino-beatoLa Providencia divina conoce los enigmas del mundo, sabe qué hay en el corazón del hombre y qué le reserva el futuro. La Providencia divina existe. Y elige a los más humildes, a los más pobres, a los más abandonados. A menudo se vale de brazos amorosos de hermanos, de corazones generosos dispuestos a darse en nombre de Dios, que es siempre Padre providente y bueno.

Y fue así cómo la tarde del 5 abril de 1886, mientras el cielo se tiñó de oscuridad, un pequeño barco con pocos trastos, dos monjas y algunas huérfanas zarpó del embarcadero de Pianello Lario para alcanzar Como. Un cura montañés echó el primer granito de mostaza de una gran obra: aquel cura fue Luis Guanella y la obra fue la Casa de la Divina Providencia, que se convertirá más tarde en la Casa Madre de las dos Congregaciones, la femenina y la masculina, fundadas por él, las Hijas de Santa María de la Providencia y los Siervos de la Caridad.

Sólo un visionario, pero un visionario intensamente enamorado de Dios, hubierapodido creer en unos inicios tan pobres para su actividad apostólica, la cual, a muchos, les parecía locura. Pero de estos locos de Dios está hecha la historia de la Iglesia católica desde los orígenes hasta hoy, y don Guanella – que este mes de octubre sube a la gloria de los altares como santo – se introduce en este río subterráneo y glorioso que se extiende por todo el mundo bajo cualquier cielo y latitud.

Nevaba aquel día en que vino a la luz, el 19 de diciembre de 1842, en Fraciscio de Campodolcino en el Valle San Giacomo (Sondrio-Italia). En aquella cuenca alpina transcurrió su infancia hasta la edad de doce años, cuando consiguió una plaza gratuita en el colegio Gallio de Como, para continuar luego los estudios en los seminarios diocesanos (1854-1866). Cada vez que regresaba a su pueblo para las vacaciones otoñales el joven seminarista se adentraba en la pobreza de los valles alpinos, pasaba su tiempo preocupándose por los niños y los ancianos y por los enfermos del pueblo. Fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1866.

Entró con entusiasmo en la vida pastoral en Valchiavenna, Prosto, 1866 y Savogno, 1867-1875, y, después de un trienio salesiano, fue de nuevo a la parroquia en Valtellina (Traona) 1878-1881, unos pocos meses a Olmo y finalmente a Pianello Lario (Como) 1881-1890. Desde los inicios en Savogno manifestó sus preferencias pastorales: la instrucción de los chicos y los adultos, el enriquecimiento religioso, moral y social de sus feligreses, defendiendo al pueblo de las agresiones del liberalismo y atendiendo preferentemente a los más pobres. No desdeñó intervenciones peleonas, cuando se vio injustamente obstaculizado o refutado por las autoridades civiles en su ministerio, hasta el punto de ser incluido pronto entre los sujetos peligrosos (“ley de sospechosos”). Durante su estancia en Savogno ahondó en el conocimiento de don Bosco y la obra del Cottolengo; invitó a don Bosco a que abriera un colegio en el valle, pero no pudiendo realizar el proyecto, don Guanella obtuvo el permiso para ir un cierto período de tiempo.

Solicitado en diócesis por el Obispo, abrió en Traona un colegio tipo salesiano, pero también aquí fue obstaculizado. Las autoridades políticas no vieron de buen ojo la iniciativa benéfica y consideraron a don Guanella “un cura subversivo llegado a Valtellina de la escuela de don Bosco con la idea de poblar al valle de curas, frailes y monjas”. Por este motivo fue obligado a cerrar el colegio. Fue enviado durante un breve periodo de tiempo a Olmo, una de las parroquias más aisladas de la diócesis donde se pensó que sería menos molesto. Posteriormente en Pianello pudo dedicarse a la actividad de asistencia a los pobres, llevando adelante el hospicio fundado por el predecesor don Carlos Coppini, con algunas ursulinas que organizó en congregación religiosa (Hijas de Santa María de la Providencia) y con ellas puso en marcha la Casa de la Divina Providencia en Como (1886), con la colaboración de sor Marcelina Bosatta y de la hermana, la Beata Clara.

Y por fin sonó “la hora de la misericordia”, como la llamaba don Guanella. La Casa tuvo un rápido desarrollo, ampliando la asistencia de la rama femenina a la masculina (Congregación de los Siervos de la Caridad) bendecida y respaldada por el Obispo Beato Andrea Ferrari. Y la obra se extendió bien pronto incluso fuera de la ciudad: a las provincias de Milán (1891), Pavía, Sondrio, Rovigo, Roma (1903), a Cosenza y en otros lugares, en Suiza y en los Estados Unidos de América (1912), bajo la protección y la amistad de San Pío X.

Hombre de Dios, ciudadano del mundo, educador apasionado: éstas son las tres características principales de don Luis Guanella. Su carisma podríamos resumirlo en el anuncio – que en él se hace profunda convicción – de la paternidad de Dios. Dios es padre y es un Padre para todos, que no olvida nunca ni margina a sus hijos, especialmente a los más pobres y abandonados.

“Quien da al pobre, presta a Dios y recibe de Dios”, solía decir don Luis Guanella. De aquí su opción de caridad en favor de los últimos. Don Guanella otorgó dignidad humana a los discapacitados, a los enfermos psíquicos, a los pacientes crónicos, dando confianza, ofreciendo trabajo, evitando tratos inhumanos y humillaciones, adoptando iniciativas avanzadas tanto en el campo pedagógico como médico.

El cura montañés funda colonias rurales, da trabajo a los discapacitados para promoverles, incluso manda a sus monjas a trabajar. Dotado de inteligencia práctica, no teoriza, se guía por sus intuiciones, actuando bajo el impulso de las urgencias, con espíritu místico y profético, fruto de su amor ingenioso por Dios y por los hombres, creados “a Su imagen”.

Y así sus casas se organizan en estructuras adaptadas a las personas, con un espíritu de familia, y adoptando su propio método preventivo (cf. Reglamento de los Siervos de la Caridad, 1905) completamente entregadas a la paternidad de Dios. Un estilo de sencillez, tolerancia, misericordia y esperanza alegre, para que todos juntos puedan sentirse parte de la gran familia de Dios: un vínculo de afecto y comunión, unidos alrededor de Cristo, Hermano mayor, dejándose llevar por la Madre de la Divina Providencia: María, la primera educadora del Hijo, es presentada como quien forma, educa y conduce al Padre.

En el 1903 Don Guanella opta por instalarse en Roma, donde está el corazón de la cristiandad. Sede del Papa, hacia el cual nuestro santo nutre un amor particular, por él denominado la “estrella polar de nuestro viaje” sobre la tierra. Es una elección de universalidad, porque estar en Roma significa para don Guanella abrazar el mundo entero, y hacerse compañero de viaje de los hombres, de los de ayer y de los de hoy. Para él, lo más importante era estar allí, la prioridad de la relación, es decir el ser padre, hermano y madre, familiar de cada uno para que cada uno sintiese en su vida el amor de Dios, engendrar esperanza y promover la dignidad de cada persona.

Don Luis Guanella murió en Como el 24 de octubre de 1915. Proclamado Beato por Pablo VI el 25 de octubre de 1964, declarado solemnemente santo por Benedetto XVI el 23 de octubre de 2011. Su cuerpo es venerado en el Santuario del Sagrado Corazón en Como. Sus hijos espirituales están en numerosas partes del mundo como granos de levadura para difundir y hacer crecer la “buena noticia” vivida y encarnada desde hace más de un siglo por su santo fundador: la de un Dios que es padre cariñoso con todas sus criaturas, pero de modo especial con aquéllos que en la familia humana son los “despojos” es decir, los más pequeños y los más débiles, sobre los cuales la Providencia se inclina cada día al despuntar el sol.

© María Amata Di Lorenzo – Todos Los Derechos Reservados

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