La sombra de la luz

Defiéndeme de las fuerzas contrarias
la noche, en el sueño, cuando no soy consciente.
Cuando mi recorrido se vuelve incierto.
Y no abandonarme nunca, no me abandones nunca.
Recondúceme a las zonas más altas
a uno de tus reinos de tranquilidad.
Es hora de largar este ciclo de vida.
Y no abandonarme nunca, no me abandones nunca.
Porque las alegrías del más profundo afecto
o los más ligeros anhelos del corazón
son sólo la sombra de la luz.
Recuérdame lo infeliz que soy
lejos de tus leyes.
Cómo no desperdiciar el tiempo que me queda.
Y no abandonarme nunca, no me abandones nunca.
Porque la paz que he sentido en ciertos monasterios
o la vibrante sinergia de todos los sentidos en fiesta
son sólo la sombra de la luz.

© Franco Battiato

 

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